China ha decidido plantar cara con audacia a las grandes multinacionales en el negocio de los coches eléctricos. La compañía de Shenzhen BYD Auto lanzó el lunes pasado un vehículo híbrido -con motor eléctrico y de gasolina-, que puede ser recargado en un enchufe casero, con el objetivo declarado de convertirse en líder mundial en el sector de automóviles de gran eficiencia energética.
¿Se trata de una declaración atrevida viniendo de una empresa que nació hace 13 años y lleva tan sólo cinco en la industria de las cuatro ruedas? El tiempo lo dirá. Pero lo que está claro es que sus directivos están trabajando para ello, y, con el apoyo del Gobierno, harán todo lo posible para lograrlo. Por si sirve de indicador, el inversor estadounidense Warren Buffet, conocido por sus apuestas a largo plazo, ha comprado el 9,9% de la compañía.
"Gracias al F3DM , BYD tomará la delantera en el mercado de los automóviles de nuevas energías", ha asegurado el presidente de la empresa, Wang Chuanfu, según recogió ayer la prensa china.
El auto tiene una autonomía de 100 kilómetros, aunque posee también un pequeño motor de gasolina. Sus baterías pueden ser recargadas en nueve horas en una toma de corriente normal, y en 10 minutos en una estación de servicio especializada. Su precio es de 149.800 yuanes (15.850 euros). Según el fabricante, se trata del primer híbrido que es producido a gran escala y se puede recargar sin infraestructuras especiales. La compañía lo distribuirá inicialmente en 14 ciudades chinas, y se centrará en flotas de empresas o departamentos gubernamentales. El Ayuntamiento de Shenzhen y el Banco de la Construcción han adquirido 50 unidades.
BYD, siglas en inglés de Construye tus Sueños (Build your Dreams), pretende extender las ventas a los particulares a mediados del año que viene, aunque el alto precio para el mercado chino -el doble que un coche similar de gasolina- podría echar para atrás a los potenciales clientes. "Si el Gobierno apoya con medidas suficientes, como incentivos fiscales, el precio podría ser reducido hasta el punto que la gente pueda permitírselo", afirmó Wang.
El objetivo es comenzar a exportarlo a Europa y Estados Unidos en 2011. Pero antes tendrá que superar las estrictas normativas de seguridad de los países occidentales.
BYD, que está especializada en la fabricación de baterías recargables, entró en la producción de automóviles hace cinco años, al comprar una empresa estatal del sector en quiebra. General Motors prevé lanzar su modelo eléctrico de enchufe a la red, el Chevrolet Volt, a finales de 2010; el mismo año en que Toyota piensa comercializar el suyo. Ford ha asegurado que aún necesita cinco años para producir este tipo de coches en gran número.
En las últimas semanas se ha hundido uno más de los mitos de la crisis en curso: el de que China permanecía indemne ante los efectos de aquélla. Era de cajón que los hechos tenían que desmentir, antes o después, semejante superstición en un escenario marcado por las poderosas inversiones de Pekín en EEUU, el paralelo ascendiente de los recursos foráneos volcados en la economía china y la inevitabilidad de una reducción general de la demanda en todo el planeta.
Si de un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a afirmar que asistimos a un notable acortamiento del tiempo que parecía corresponder a la hegemonía norteamericana, ahora nos vemos en la obligación de emplear un mismo corte de análisis en relación con China. Tenemos que hacerlo, por añadidura, precisamente en el momento en que tantos expertos reservaban a Pekín un papel cada vez más prominente como sustituto de unos alicaídos EEUU.
Y es que los indicadores de crisis han empezado a dispararse con fuerza en China. El primero nos habla de una notable reducción del crecimiento que, aun con ello, sigue presentando niveles muy por encima de los registrados en el mundo occidental; no parece que los dirigentes chinos hayan tomado nota de las muchas miserias que han marcado, en materia medioambiental y de recursos, el desarrollo insostenible de EEUU y la Europa comunitaria. Un segundo indicador sugiere que las tensiones internas que China ha ido mal controlando bien pueden liberarse antes de lo esperado.
Hablamos, claro, de las que oponen a la ciudad y al campo, a la costa y al interior o, en suma, a un sector estatal comúnmente decrépito con una industria inmersa en plenitud en la vorágine de la globalización. Agreguemos que el sistema político, por muchas operaciones de cosmética que haya asumido, no se antoja singularmente preparado para encarar retos como los que, sin duda, se avecinan.
Contestación incipiente
Aun con todo, hay un factor más que en estos días empieza a asomar la cabeza y que dibuja una estricta novedad: la llamativa aparición de una incipiente contestación social que puede romper muchos moldes. Este es el mayor miedo del gobierno comunista.
Los relojes colgados en la recepción del hotel Tanxiu de Cantón, en el sur de China, marcan la hora en estas tres ciudades. Son las que rigen la rutina de la mayoría de los clientes de este moderno hotel de seis pisos, principal punto de encuentro de comerciantes chinos y africanos en Cantón.
Cada año llegan a Cantón miles de comerciantes africanos para comprar productos baratos fabricados en el Delta del Río de la Perla. Hasta ahora, países como Nigeria, Maliy Senegal utilizaban las divisas que obtienen de la venta de recursos energéticos al gigante asiático para importar productos chinos. Pero la crisis también perjudica a los comerciantes africanos, que han visto caer su capacidad adquisitiva con la devaluación del dólar y del euro frente al yuan. Un mal de que todos estamos siendo afectados.
"El número de huéspedes africanos ha caído en picado", explica la joven recepcionista del Tanxiu. Son las once de la mañana y un grupo de mujeres nigerianas ataviadas con joyas doradas pide la factura de la habitación. La noche cuesta 200 yuanes, o 22 euros. "Quedan muchas habitaciones libres", se queja la recepcionista.
El motivo es que "comprar en China sale ahora mucho más caro", dice Cristian, un comerciante de Costa de Marfil, de 31 años. Lleva dos años viajando a Cantón donde "compro de todo un poco" pero está preocupado por la devaluación del dólar. Hoy quiere comprar ropa y complementos de teléfono móvil, para revender en su país. China y Costa de Marfil mantienen una estrecha cooperación, con un comercio que supera los 300 millones de dólares.
Tras comprar una lata de café en el 7-eleven , Cristian va al hotel Tanxiu para su jornada de trabajo. Será tranquila: las tres primeras plantas del hotel, llenas de tiendas de ropa, zapatos y electrónica, están estos días desérticos.
Vuelos directos a África
"De momento, el negocio me va bien", dice Monique, una mujer nigeriana, frente a un puesto de teléfonos móviles del Tanxiu. Luce un peinado de peluquería y sus dedos delgados, llenos de sortijas doradas, sujetan un teléfono iPhone de imitación. Muchos outlets de Cantón ofrecen productos con taras o defectos de calidad a bajo precio. Cuando son ropa y productos electrónicos, a muchos comerciantes les sale a cuenta llevárselos en maletas y paquetes en el avión. En el aeropuerto Baiyun de Cantón es habitual ver largas colas de africanos cargados con bultos,esperando a facturar rumbo a Nairobi o Addis Abeba. Hay diez vuelos directos semanales entre Cantón y África, cuatro a Nairobi, sin contar las conexiones vía Dubai o Emiratos. El vuelo directo dura 13 horas, lo mismo que a España y menos que a EEUU.
La mayoría vienen de países que proveen de recursos energéticos al gigante asiático, como Nigeria, Mali o República de Congo, y se concentran en el barrio de Hong-qiao, que los taxistas cantoneses conocen con el apodo de ciudad chocolate.
Al salir del 7-eleven, Cristian se despide en mandarín de la dependienta. Aunque no tiene el permiso de residencia en Cantón, Cristian pasa temporadas largas aquí, y dice que no le parece difícil integrarse. Cantón es una ciudad moderna y desarrollada. Cuando viene, se instala en el apartamento que tiene alquilado con otros africanos en Hongqiao.
Según el diario cantonés Nangfang Zhoumo, el número de visitantes africanos a Cantón crece entre un 30% y un 40% anual desde 2003. En Cantón residen hoy 20.000 africanos con visado permanente. Pero son más de 100.000 sumando los residentes temporales e ilegales.
Aunque muchos chinos asocian a los africanos con el tráfico de drogas y la inseguridad, en Cantón unos y otros conviven en paz. "Los carniceros del barrio han hecho negocio", dice Wu, el dueño de una lechería de soja. En Cantón los africanos mantienen sus costumbres religiosas, culturales y gastronómicas. "Les encanta la carne a la barbacoa y las bananas", explica Wu, sonriente. Es más problemático su papel en ciudades como Beijing o Shangai donde son las figuras visuales del tráfico de drogas.
En cambio, los africanos pasan cada día por delante de su tienda sin mirar los tarros de leche de soja ni las lonchas blancas de tofu fresco. Prefieren los pinchos de cordero de la tienda vecina, propiedad de un chino de la minoría musulmana Hui. Pero todos son conscientes de que hacer negocio es prioritario, cuando la crisis mundial ha provocado el cierre de miles de fábricas para la exportación en los alrededores de Cantón.
"No queda más remedio que importar de China", explica John Muamba, un comerciante de judías de Kinshasa, capital del antiguo Congo belga. "En mi país, la tierra es fértil, pero la agricultura no está modernizada", dice Muamba. La falta de desarrollo obliga a muchos países africanos a importar manufacturas y alimentos de China, a cambio de sus recursos energéticos, como gas y petróleo.
Muamba viaja cada dos meses a Cantón para comprar judías baratas a un proveedor chino, que habla algo de francés. Una tonelada de judías le cuesta entre 500 y 600 dólares, según la calidad, que luego vende en Kinshasa por 900 dólares. Pero a esto hay que añadirle los costes de aduanas y transportes, el riesgo de sufrir retrasos en el envío y que las judías lleguen al puerto africano en mal estado, o que el dólar se devalúe. "No ganamos mucho, ya ves", admite.
En los centros comerciales de Hongqiao, hoy semivacíos, las vendedoras chinas, con caras aburridas, esperan a que algún cliente compre pelucas o extensiones de pelo postizo a la moda africana. En un puesto de ropa de algodón venden camisetas estampadas con el rostro del nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, de origen keniano. "La hora punta es a partir del mediodía", dice un vendedor de ordenadores portátiles y complementos electrónicos. Pasada la una de la tarde, su tienda sigue vacía. El dependiente de una agencia de logística especializada en envíos a Angola y Congo chatea con el ordenador tras el mostrador, esperando un nuevo encargo que nunca llega.
"Estoy muy preocupada por esta crisis", reconoce Hadjia Zoulaha, una comerciante senegalesa, después de regatear con una dependienta china el precio de varias decenas de sandalias. Son para regalar. En realidad, Zoulaha y su amiga Hadjia Alimatou vienen a China para comprar aparatos de aire acondicionado y muebles baratos, pero con la caída del euro frente al yuan no saben si podrán continuar con el negocio. "Viajar a China para comprar barato empieza a no ser rentable", dice Zoulaha.
Pero no contempla la posibilidad de buscar proveedores en otros países porque "sólo en China tenemos contactos". Muchos comerciantes africanos en Cantón son mujeres. "Los maridos se quedan en casa, al cuidado de los niños", se justifica Zoulaha. Pocos senegaleses se hacían a la idea de lo que es China, hasta que ambos países establecieron relaciones comerciales en 2005 y Senegal empezó a inundarse de productos baratos fabricados en China. "Sólo somos conscientes de que China está invadiendo África", opina Zoulaha. "Pero no pasa nada".
Su Hai Jie mira su plato de pollo frito con arroz con expresión aburrida. Es mediodía, su jornada laboral ha acabado y come solo en un sencillo restaurante para trabajadores de Dongguan, en el sur de China. El silencio del comedor y el poco tráfico de camiones en la calle no son la estampa habitual en esta ciudad industrial, en el Delta del Río Perla, de donde salen la mayor parte de las exportaciones de China al mundo.
Desde hace unos meses, "en la fábrica apenas hay trabajo", dice Su, empleado en una planta de moldes de plástico para complementos de teléfono móvil. Hasta octubre, Su apenas tenía tiempo para salir a almorzar. Pero con la caída de los pedidos del extranjero por culpa de la crisis, su empresa se vio forzada a bajar el ritmo de producción. "Sin el dinero de las horas extra es imposible sobrevivir aquí", explica Su, que emigró a Dongguan hace dos años desde Guangxi, donde viven su mujer y su hijo. Sus ingresos se han reducido al salario básico: 770 yuanes al mes, unos 88 euros. "Si cierran la fábrica, no tendré más remedio que regresar", añade Su, acercándose el plato a la boca para no echar a perder ni un grano de arroz.
En Guangdong este año han cerrado o quebrado más de 7.000 empresas. Algunas de ellas debido a la necesaria reconversión de los sectores más explotados durante las últimas décadas.
El dilema
Volver a casa o esperar. Éste es el dilema de millones de inmigrantes que se han quedado sin trabajo en la provincia de Guangdong, donde más de 7.000 empresas han cerrado o quebrado este año. La culpa es de la caída de las exportaciones a consecuencia de la crisis financiera global y de una nueva ley laboral, que encareció los costes laborales de la mano de obra desde su entrada en vigor, en enero de 2008.
"No creo que vuelva a Dongguan, aquí no hay trabajo", dice la diminuta He Xiao Yan, una inmigrante de 25 años, sentada sobre su maleta de imitación frente a la estación de ferrocarril. Quedan dos horas para que salga el tren a su ciudad, en la provincia Hebei, y He se entretiene enviando mensajes con el móvil. La estación está llena de jóvenes inmigrantes que, como He, se van de las fábricas al bajar la producción. "Trabajar no me tenía cuenta", dice He. Sin posibilidad de hacer horas extras, He, empleada en una fábrica de plásticos, cobraba alrededor de 650 yuanes mensuales, 70 euros. A lo que hay que descontar 120 yuanes para las comidas y el alojamiento en la fábrica.
Recortando horas extras, los empresarios de Guangdong han forzado la marcha de miles de inmigrantes y se han ahorrado las indemnizaciones por despido exigidas por la nueva ley laboral.
"De momento, voy a disfrutar de las vacaciones de Año Nuevo", dice He. En Hebei están sus padres y su hijo de tres años, que viven con el dinero que les enviaba cada mes. La crisis ha llegado pocos meses antes del inicio de las vacaciones del Año Nuevo Chino, el 24 de enero, la única ocasión de volver a casa para los más de 150 millones de emigrantes chinos que trabajan en fábricas o en proyectos de construcción en las grandes ciudades. Muchos se ven ahora "forzados" a empezar las vacaciones antes de tiempo, sin saber lo que harán después.
"Me gustaría encontrar un trabajo en Hebei", dice He. "Aunque allí también pagan miseria". Los carteles luminosos de las cantinas de la estación de Dongguan "cocina de Sichuan", de Hebei... aquí hay comida de todas las partes de China iluminan los rostros de los inmigrantes que van llegando. Según el China Daily, desde octubre llegan cada día entre 60.000 y 70.000 inmigrantes a la estación de Cantón, origen de la mayoría de los trenes de larga distancia de la región. "Esta crisis es mala para nosotros, pero no afectará a los jefes", dice Yao, un inmigrante de 27 años, mientras espera el tren a Hunan.
Se mueve nervioso por la estación, fuma cigarrillos sin parar y cuchichea con un ex compañero de dormitorio. Los dos perdieron su trabajo el 25 de octubre, cuando quebró la empresa hongkonesa de teléfonos móviles en la que trabajaban desde hacía dos años. "Yo tuve suerte", dice Yao. El propietario ofreció una compensación de 100 yuanes (11euros) a cada empleado para pagarse el billete de vuelta a casa y después desapareció.
Jefe a la fuga
En los últimos meses, cientos de empresarios hongkoneses y taiwaneses con fábricas en China se han dado a la fuga, dejando a los trabajadores sin cobrar. Las autoridades chinas han puesto en marcha un plan especial de busca y captura, pero la efectividad es dudosa, teniendo en cuenta la elevada corrupción entre los empresarios y las autoridades locales.
Los empresarios que abandonaron sus fábricas están en busca y captura
"Todavía nos deben dos meses de salario", se lamenta otra mujer, en cola para entrar en la estación. Va cargada con un saco de lona, un edredón y un cubo de plástico con productos de higiene personal, los elementos que distinguen al trabajador inmigrante de los otros viajeros. La mujer regresa a Yunnan, su provincia natal, después de 7 años trabajando en una fábrica textil que despidió hace poco a 2.000 trabajadores.
"Al menos podré cuidar de mi hija, que está preparando los exámenes de acceso a la Universidad", dice, con orgullo. Los jóvenes que consiguen acceder a la universidad son aún una minoría en China, donde más de 270 millones son campesinos que viven en la pobreza. Pero para los jóvenes sin estudios de las zonas rurales, emigrar a Dongguan también tiene su atractivo: la vida en las fábricas les permite conocer a gente de su edad y vivir cerca de ciudades modernas y abiertas como Cantón o Shenzhen, influidas por la vecina Hong Kong.
Estimular el consumo interno
Es aquí, en Shenzhen, donde el líder político Deng Xiaoping puso en marcha hace 30 años la política de "reforma y apertura", que permitió el milagro económico chino. Sin embargo, es una de las ciudades que más sufren el impacto de la crisis. Sólo Guangdong, donde se concentran la mayor parte de las fábricas del sector plástico, textil y electrónico para la exportación, contribuyó en un 12% al crecimiento de la economía china en 2007. Pero el crecimiento chino, superior al 10% en los últimos cinco años, ya no puede depender como hasta ahora de las exportaciones.
El Gobierno ha reconocido que la prioridad es ahora estimular el consumo interno para consolidar la economía interior y ha anunciado un plan de rescate de 4 billones de yuanes (453.000 millones de euros) para generar empleo hasta 2010.
"Los salarios bajan en picado y a mi restaurante ya no viene nadie", explica la dueña de la cantina donde come Su. El local sigue vacío y la mujer se entretiene leyendo el periódico. Una de las noticias más destacadas del día es la revuelta violenta protagonizada la noche anterior por centenares de trabajadores despedidos de una fábrica de juguetes en Dongguan.
La planta, propiedad del grupo hongkonés Kader, exporta sobre todo a EEUU. "La empresa les obliga a aceptar una indemnización insuficiente", dice Chen Zhong Lian, una inmigrante de Sichuan, que se sumó a las revueltas. Su marido fue despedido de Kader el 18 de noviembre junto a otros 300 trabajadores, que se enfrentaron con la Policía al intentar entrar a la fábrica para hablar con el empresario.
"Quieren denunciar al dueño a las autoridades, pero yo les digo que no servirá de nada", grita Chen, exaltada. "El gobierno local recibe sobornos de los empresarios. Si se cierran las fábricas, ¿de qué van a vivir los funcionarios?" Ella fue despedida de Kader en noviembre de 2007, un mes antes de que entrara en vigor la nueva ley laboral, y aún le deben un mes de salario y el finiquito. "Llevaba 7 años en la empresa y no había hecho nada malo", se lamenta Chen, de 42 años.
Muchas empresas han despedido a los trabajadores de mayor edad para ahorrarse costes por antigüedad y compensaciones sociales obligatorias. Hay expertos que plantean retirar la ley en Guangdong para ayudar a las empresas a superar la crisis.
"Llevamos un año sin poder pagar el alquiler del piso", dice Chen, preocupada. Los ingresos de ella y su marido no alcanzan para pagar la habitación que comparten, que cuesta 150 yuanes al mes (18 euros). La casera les permite quedarse porque confía en que un día recibirán la indemnización justa y Chen no está dispuesta a volver a Sichuan, hogar de 5 millones de inmigrantes que residen en Guangdong. Más de dos millones volverán antes del Año Nuevo tras perder su empleo.
Cientos de obreros despedidos de una fábrica de juguetes se amotinaron.
"No pienso regresar si no me pagan"
Pekín ha destinado fondos sociales a los inmigrantes en paro. "Llevamos aquí desde las cinco de la mañana", dice Zhang Yan Zhen, una inmigrante de Henan, frente a la oficina de Seguridad Social del distrito de Changan, en Dongguan. Hace dos meses que Zhang y sus compañeras de trabajo, empleadas en una fábrica de complementos para el cabello, reclaman una compensación económica y un seguro médico, que hasta ahora cubría la empresa. La fábrica quebró y el dueño se dio a la fuga sin pagar los salarios atrasados. Las trabajadoras aun viven en los dormitorios de la fábrica. "No pienso regresar a casa hasta que no me pague", dice Zhang, mostrando el documento donde figuran los salarios pendientes de pago. Con la otra mano sujeta con fuerza una bolsa de plástico con un fajo de billetes que acaba de entregarle el funcionario de la Seguridad Social, tras esperar todo el día: 890 yuanes (100 euros).
Cerca de allí, la fábrica de zapatos Weixu, un edificio de cemento enorme con palmeras en la entrada, permanece silenciosa. La empresa quebró a principios de noviembre y el empresario taiwanés huyó, dejando a 4.000 empleados sin pagar. En este caso, el Gobierno compensó a los trabajadores. Pero no es lo usual.
"Les digo a las autoridades que deberían resolver el problema, que aquí todos empezamos de cero. Diría lo mismo si me encontrara con el Emperador", dice Chen, mientras un camión cargado de juguetes sale por la puerta de Kader. "Salí de Sichuan para trabajar cuando mi hijo tenía 5 años. Ahora tiene 20 y me dice que no le he cuidado", se lamenta Chen. Pocos minutos después la calma vuelve frente a la fábrica de Kader. Se acerca la Navidad, pero los camiones de juguetes salen con menos frecuencia que ningún otro año.
Con la intención de impulsar la demanda interna y evitar una recesión como la que ya se empieza a sentir en algunas partes del mundo, el gobierno chino anunció ayer que inyectará en la economía 586.000 millones de dólares hasta fines de 2010 por medio de una serie de inversiones estatales.
Muy esperado por las grandes economías occidentales, el plan de estímulo del gigante comunista responde a la contracción de la demanda mundial de bienes manufacturados chinos -auténtico motor del crecimiento de China- debido a la crisis financiera mundial.
China, cuyo sector financiero está relativamente bien protegido, se ha visto sin embargo muy afectada por la crisis, con una clara disminución de sus exportaciones, que se ha traducido en el cierre de fábricas en el sur del país y en la destrucción de miles de empleos.
El crecimiento del país fue de un 9% en el tercer trimestre del año, el nivel más bajo en cinco años. La cifra podría ser la envidia de las grandes economías occidentales, muchas de ellas amenazadas por la recesión. Sin embargo, la tasa supone una fuerte reducción respecto del crecimiento del 11,4% durante 2007.
Pese a que Pekín aprobó un presupuesto con un superávit consolidado durante el primer semestre del año de más de 170.000 millones de dólares, el crecimiento del ingreso fiscal se está desacelerando con fuerza mientras la economía tambalea ante el impacto del colapso crediticio mundial. Esa merma en los ingresos por el pago de impuestos es un síntoma evidente de que la economía doméstica está siendo afectada.
Mantener el crecimiento
Ante esa situación, las autoridades han dicho varias veces que quieren estimular el consumo interno para mantener un crecimiento fuerte. "Aunque nos veamos ante numerosas dificultades, el consumo interno se mantiene fuerte", afirmó el gobierno en un comunicado.
Los nuevos planes de gasto público incluyen la construcción de líneas de ferrocarril, autopistas, aeropuertos, un refuerzo en el sector servicios y de agricultura y una modernización de las redes de suministro eléctrico, según informó la cadena estatal CCTV. Además, se incrementará la inversión en educación y salud, según la agencia oficial Xinhua.
Sin embargo, se desconoce cuánto dinero se gastará en cada sector.
El gobierno chino anunció también ayer que ampliará una reforma de su impuesto sobre el valor agregado (IVA), que según Xinhua supondrá un ahorro de 17.600 millones de dólares para las empresas.
El plan de estímulo es la última de una serie de medidas contra la crisis financiera internacional.
El 29 de octubre, el banco central chino redujo sus principales tasas de interés por tercera vez en seis semanas para apoyar el crecimiento económico.
La medida suponía un giro en la política seguida hasta entonces, que consistía en subir progresivamente los tipos de interés para "enfriar" la economía, ante una inflación en aumento que en el primer semestre del año fue de 7,9%.
El gobierno aprobó además recientemente un plan de 293.000 millones de dólares para construir nuevas líneas de ferrocarril de aquí hasta 2020.
Tras la crisis asiática de 1997, Pekín aplicó una política similar hasta 2004, al emitir un importante volumen de bonos del tesoro y al aumentar las inversiones públicas en obras de infraestructura en todo el país. Sin embargo, los analistas consideran que la situación económica a la que se tiene que enfrentar China hoy es mucho más grave.
En 1998, año en el que estalló aquella crisis, los más afectados fueron algunos países asiáticos, entre ellos varios rivales de China. Pero esta vez se trata de mercados de exportación para Pekín, como Estados Unidos y Europa. Se suma el desafío político para el gobernante Partido Comunista que es mantener sus capacidades de brindar empleo y bienestar económico para que su legitimidad no se vea cuestionada por la población.
Adjunto una entrevista que considero de gran interés.
--¿Qué puede hacer China por el resto del mundo? --Dentro de 10 años China puede tener un gran papel como motor de crecimiento para el mundo al ser una economía muy estable.
--Mucha gente dice que el siglo XXI será el siglo de China, como el XX lo fue de Estados Unidos, ¿cree en esa afirmación? --Sé que hay muchas personas que dicen eso. Pero solo llevamos ocho años del siglo XXI. Es demasiado pronto para saber qué nos va a deparar el siglo XXI. Es más apropiado decir que el XXI será el siglo de la economía global. China será importante, pero no creo que el mundo se organice alrededor de China.
--¿Cuál es el impacto de la crisis sobre China? --Por un lado, vemos que los bancos chinos no se ven afectados por la crisis, al contrario de muchos bancos europeos. El impacto en las empresas es algo superior. El consumo en Europa y EEUU se ha debilitado, y los chinos exportan, por lo que el impacto indirecto es fuerte sobre China. Hay muchos productores que exportaban grandes volúmenes y ahora tienen problemas que les obligan a ir a la quiebra. Así que se está adaptando un nuevo modelo de crecimiento.
--¿No es suficiente la demanda interna para sostener la economía? --Hasta ahora, la demanda doméstica ha contribuido al PIB menos que las exportaciones y la inversión. Lo interesante ahora es que el consumo chino es el que más crece en todo el mundo, el 14%. Con mucha rapidez, aunque como porcentaje del PIB ha estado en declive. Pero esto tiene que cambiar.
--¿La situación política es un impedimento para el crecimiento? --La campaña más importante del presidente chino, Hu Jintao, es crear una sociedad armónica. Y su meta es invertir más en el nivel de vida: el bienestar social, la sanidad... para obtener un crecimiento equilibrado.
--Pero el desempleo también es un problema para China. --La situación del empleo esta influenciada por el proceso de urbanización del país. Hay una población del tamaño de Fráncfort que se desplaza a las grandes urbes cada mes. Ese movimiento genera dificultades, pero también inversiones millonarias. China acaba de anunciar un paquete de estímulo de 586.000 millones de dólares que se invertirán en infraestructura y programas sociales. Se creará mucho empleo.
--¿Mano de obra barata...?
--La mano de obra barata es una pequeña parte del éxito de China. Hay que buscar otras cosas: la gestión del capital de inversión en la estructura productiva y el desarrollo de bienes de consumo. Hay un tercer elemento: desde 1985, China invirtió mucho dinero en formación técnica en muchas áreas para mejorar la calidad del capital humano y ese factor ya está presente en las empresas.
--¿Cómo hay que invertir en China?
--Muchas de las empresas europeas que llevan mucho tiempo en China y que han tenido éxito, donde más dinero han conseguido es en el mercado financiero, al comprar fondos de empresas con los que luego han acudido al mercado.
--Así, ¿es el mercado financiero la mejor manera de entrar en China? --Sí. Cuando hablamos de estrategia con nuestros clientes les planteamos que hay que tener una visión muy global. Una de las lecciones que se puede aprender de las empresas chinas es que la oportunidad financiera es tan importante como la actividad tradicional. Hay grandes empresas que además de realizar su actividad tienen participaciones en el sector inmobiliario, en bancos o fondos privados para diversificar su riesgo.
--¿Los bancos españoles han invertido mejor que las empresas? --Tienen buenas inversiones. La mayoría de las inversiones de bancos extranjeros, incluyendo a La Caixa, han tenido mucho éxito. Pero más a través de sus inversiones que de la actividad bancaria.
Goldman Sachs predijo que China se convertiría en la primera potencia económica mundial en 2040, en un informe de hace dos años. Entonces, la hecatombe económica actual no se había producido, no se había colapsado el mercado financiero, no se habían hundido el consumo ni la industria. Y ahora, la pregunta que se hace el gigante asiático es si, con todo el tinglado patas arriba, su tan traído y llevado milagro asiático tropieza. Si la inclinación del epicentro económico hacia Oriente se desinfla o, por el contrario, se acelera. Hace unos años el temor es que los jóvenes no fueran los suficientes para pagar los gastos sociales de los mayores ahora, por el contrario, el problema es buscar un trabajo nuevo para todos los jóvenes en paro.
"China ha tenido un buen profesor, un profesor en el comercio que era Occidente, pero ahora es el profesor el que tiene el problema. Y ése es el gran cambio: ahora es cuando los unos vamos a tener que aprender de los otros, y cuando ningún país vaya delante y otros detrás".
El alumno quiere salir a hablar a la tarima. Lo vino a decir Cheng Feng, presidente de Hainan Airlines, uno de los empresarios chinos que se reunieron esta semana en Barcelona en Global China Business Meeting, una suerte de foro de Davos para la economía china, que reunió a unos 600 líderes empresariales, con Casa Asia como anfitriona. Allí, mayoritariamente, asumieron que su país tiene ahora una oportunidad de oro, pero tampoco saldrá ileso de la crisis.
Porque ese alumno del que hablaba Cheng Feng también tiene un problema. El mercado mundial ha reducido la cartera de pedidos a la llamada fábrica del mundo, y la sequía crediticia va a contraer la inversión extranjera en el país. Según las últimas estimaciones de Morgan Stanley, China va pasar de una tasa de crecimiento del 11,9% en 2007 a una del 9,4% este año y del 7,5% en 2009.
Pese a ello, algunos de los empresarios hablaban de un cambio sustancial, como el presidente de Malaysia Airlines, Munir Majid, para quien "la parte blanda de Occidente ya no puede usarse como paradigma. Se ha caído".
La cuestión es qué va a pesar más en la balanza, los riesgos a los que se enfrenta China -con una economía totalmente volcada al comercio exterior- o la pérdida de fuelle de Occidente, que pueda llegar a empujar al sorpasso. Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de la UAM, opina que "los dos elementos actúan, pero el problema para China será si crece por debajo del 7%, porque entonces ya no creará empleo, y no se lo puede permitir un país que tiene aún más de 200 millones de habitantes que viven con menos de un dólar al día".
Amadeo Jensana, director de programas económicos de Casa Asia, coincide en que si China empieza a crecer por debajo del 7%, "empezará a tener problemas", pero si utiliza bien los recursos de que dispone, "saldrá beneficiada".
Steinberg recuerda que el Banco Central tiene unas reservas por valor de 1,9 billones de dólares y un superávit comercial del 11% de su producto interior bruto (PIB). Además, el Gobierno del país ha asombrado al mundo con un paquete de estímulo de la economía por valor de 586.000 millones de dólares.
El viceministro de Comercio chino, Gao Hucheng, se mostró convencido en Barcelona de que las medidas tendrían "gran calado" y animarían el consumo nacional, pero también tendrían un "efecto mundial".
Para Jensana, las asignaturas pendientes de China pasan por repartir la riqueza, equilibrar la economía generada en Shanghai con el subdesarrollo del interior rural, con un sistema de Seguridad Social más repartido, y una apuesta decidida por un nuevo modelo de competitividad.
Si en algo coinciden los expertos en Asia, es en que a la fábrica del mundo le falta imagen de marca. -
El segundo hombre más rico de China, según la revista Forbes, Huang Guangyu, y propietario de la mayor cadena de electrodomésticos, fue detenido por operaciones financieras ilegales, informan los medios locales, que citan al portal de internet del diario económico "Caijing" de Shanghai como fuente.
La fecha de la detención del propietario de la cadena de tiendas al por menor "Guomei" en Pekín, donde se encuentra la sede central de la empresa y a donde había llegado a los 17 años desde Cantón, su lugar de origen, no fue revelada.
Con 5.000 dólares había instalado un pequeño comercio especializado en electrodomésticos, que antes se vendían solamente en centros comerciales, lo que le llevó a ser considerado popularmente como un joven que de la nada se hizo multimillonario por haber detectado un nicho en el mercado.
Según "Caijing", el multimillonario chino fue detenido por manipular el precio de las acciones de la empresa inmobiliaria "ST Jintai", propiedad de su hermano mayor, Huang Junqin.
Huang Guangyu, también dueño de la inmobiliaria "Pen Run", fue hace años investigado por su implicación en una trama de créditos ilegales aunque en enero del 2007 "Guomei" dijo en la bolsa de Hong Kong, donde cotiza, que había quedado limpio.
Según informa el periódico "China Daily", el hermano mayor anunció en julio de 2007 la inyección por otras de dos de sus empresas de 3.200 millones de dólares en "ST Jintai", cuyas acciones se cotizan en la bolsa de Shanghai, lo hizo subir los títulos de esa firma el 450 por ciento en un mes, pero después de hundió.
El portal de internet de «Caijing» no especificó el papel de Huang Guangyu en las cotizaciones de las acciones, pero informó de que los 2 hermanos habían sido investigados en el 2006 por respaldar préstamos ilegales aunque fueron dejados sin cargos en enero del 2007.