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Así se ve China de EEUU

Artículo publicado en el Nuevo Herald.

Para los chinos, la figura mitológica del dragón, por milenios símbolo del mandato divino de sus emperadores dinásticos, no echaba fuego por la boca sino que representaba el agua. Hoy en la China no sólo han desaparecido las dinastías sino que también existe una escasez crítica de agua potable y de aire puro.

La explosión en el desarrollo industrial de los últimos 30 años, con un crecimiento de 8 por ciento anual, ha sacado a millones de personas de la pobreza más paupérrima. No obstante, la necesidad de alimentar a un 20 por ciento (1,300 millones de personas) de la población global con sólo el 7 por ciento de las reservas de agua, ha llevado a China a explotar todos sus recursos naturales con un abandono desastroso.

A pesar de que un cuarto del territorio continental ya es desierto, alrededor de un millón de acres de campos agrícolas ahora se convierten en terreno desértico cada año, particularmente en el norte del país, debido a la utilización excesiva de los pastos, las tierras de cultivo y los desvíos y contaminación de los ríos. Las tormentas de polvo que esta situación desata ya recaen sobre Pekín, ubicada a unas 100 millas del desierto de Gobi y sede de las Olimpíadas de este verano.

Los atletas internacionales se asombrarán al llegar a la Ciudad Olímpica en los próximos días porque, hasta que se acostumbren, les arderá la garganta, se les irritarán los ojos, y hasta pudieran oprimírseles los pulmones y experimentar falta de aire. Por mucho que el gobierno central se esfuerza por lustrar y embellecer el área, los rayos solares escasamente penetran la gruesa capa de contaminación suspendida sobre la Ciudad Prohibida, corazón de esta metrópolis. Como resultado, el ambiente de verano aquí es muy húmedo, y a menudo está cargado de días nebulosos.

La contaminación, indudablemente, también afecta a la vida animal y vegetal. De modo que la comida en China contiene altos grados de toxinas. Algunos equipos olímpicos temen que éstas afecten el potencial competitivo de sus atletas, por lo que viajarán a Pekín con su propio alimento. Los estadounidenses, por ejemplo, llevarán carne vacuna de marca Maverick cuyos ranchos crían reses sin el uso de antibióticos ni de preservativos artificiales. Los deportistas también deberán beber agua embotellada. Pese a estas precauciones, algunos de ellos se han negado a participar en juegos que se prolonguen por más de una hora, por temor a dañar su salud.

El gobierno está consciente del problema, ya que cinco de las 10 ciudades que sufren mayor contaminación ambiental en el mundo pertenecen a China. En los días previos a las competiciones olímpicas, se les prohibirá a las fábricas cercanas a Pekín emitir gases contaminantes. Cesarán las faenas de construcción y las obras públicas que, acorde con el súbito crecimiento urbano, en estos momentos ocupan unas 40 millas cuadradas de la ciudad. El tráfico público será reducido por lo menos a la mitad, y se alentará a los residentes locales para que salgan de vacaciones.

Sin embargo, esos remedios serán insuficientes. Cuando la atención internacional se aleje de la Ciudad Olímpica, regresará la asfixia. La polución indiscriminada ya está provocando estragos irreversibles. La mayoría de los ríos chinos, convertidos en vertederos de basura humana e industrial durante las últimas décadas, ostentan el grado 4 o 5 de contaminación. La categoría 5 se le otorga a un río envenenado, muerto, cuyas aguas no sirven para el consumo de las personas o para la irrigación. Trágicamente, la tercera parte de los ríos chinos ya llegan al nivel 5 y sus aguas, intoxicadas, a su vez están causando la desolación.

Los primeros en sentir los efectos de esta plaga han sido los residentes rurales, que aquí abarcan dos terceras partes de la población. En los campos ya se han identificado ''aldeas de cáncer'', particularmente del esófago, y cuando antes se reportaba un caso de cáncer por 100,000 chinos, hoy algunas autoridades hablan de uno por cada 100, incluyendo niños y ancianos. La cifra es inconcebible, si se considera que se trata del 20 por ciento de la humanidad.

Quizá el espíritu de las Olimpíadas, la esperanza en el porvenir que inspiran los jóvenes de todos los pueblos, y la necesidad urgente de salvar vidas y restaurar la ecología, no se esfume cuando se extinga la antorcha olímpica.

Los chinos están comenzando a salir de su aislamiento de cinco décadas y a compartir con la comunidad internacional. Esa comunidad ya ha sonado la alarma sobre la inminente crisis del calentamiento global y el papel macabro que juegan en esa catástrofe los gases hidrocarbónicos, de los que Estados Unidos emite la mayor cantidad seguido de China.

Desafortunadamente, la prosperidad que brinda el desarrollo sólo afecta algunas vidas, pero la contaminación las afecta a todas. Y si sucumben los chinos pereceremos todos.

En uno de los días de más smog que se hayan visto en el último mes, la capital de China fue cubierta el domingo por una densa capa de niebla tóxica y grisácea, pero las autoridades locales prometieron que la calidad del aire será "buena" para cuando los Juegos Olímpicos de Beijing se pongan en marcha dentro de 12 días.

Pese a las severas restricciones al tránsito de automóviles, en vigor desde hace una semana para reducir la contaminación, la visibilidad fue de apenas un kilómetro en algunas partes de la ciudad.

La Villa Olímpica, cuyas puertas fueron abiertas el domingo para la llegada de los atletas, era imposible de avistar desde la Zona Verde, donde se concentrarán la mayoría de las instalaciones deportivas de las justas.

"La calidad del aire en agosto será buena", aseguró Du Shaozhong, subdirector de la Oficina Municipal de Protección Ambiental en Beijing.

La contaminación es una de las mayores interrogantes en torno a los Juegos que comienzan el 8 de agosto.

Du explicó el domingo a la prensa que el smog se debió a una combinación de neblina y un leve viento que no alcanzó para disipar la nubre tóxica.

Sin embargo, el funcionario dijo que los índices de contaminación habían bajado un 20% con respecto a un año atrás en medio de condiciones meteorológicas similares. No dio más detalles.

"Nuestro trabajo es reducir la contaminación lo más que se pueda, pero a menudo es normal la presencia de neblina en Beijing en esta época", declaró Du.

Los atletas han empezado a llegar a Beijing, pero la cantidad aumentará en grandes números esta semana. Algunos, sin embargo, se dirigirán a otros sitios para entrenarse, como Corea del Sur y Japón, para esquivar el aire sucio de Beijing hasta el último minuto posible.

"La verdad es que no se ve muy bien, aunque ayer estuvo mejor", declaró Gunilla Lindberg, una vicepresidente del Comité Olímpico Internacional.

"El día que llegué, el martes, fue feísimo", añadió la dirigente sueca. "Tratamos de siempre de tener esperanza. Ojalá tengamos suerte durante los Juegos, como la tuvimos en Atlanta, Atenas y Barcelona".

Jacques Rogge, el presidente del COI, advirtió que pruebas al aire libre que requieran gran resistencia física podrían ser postergadas si la calidad del aire es mala.

Las autoridades han impuesto drásticas medidas para reducir la contaminación, entre ellas el retiro de 3,3 millones de vehículos, el cierre de fábricas en la ciudad y en media docena de provincias cercas y detener las obras de construcción.

Los expertos han advertido que si bien las medidas reducirán la contaminación, no son garantía de cielos azules durante las justas.

 

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