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Empresario quiere cambiar la imagen de productos chinos

           Los artículos de su compañía son poco conocidos en el extranjero; pero Feng Jun, director ejecutivo de Aigo, una empresa fabricante de productos electrónicos de rápido crecimiento, está dispuesto a cambiar eso.

Segundos después de reunirse con un reportero en una conferencia de negocios, el hombre corpulento de 39 años con cara de niño saca de su billetera una tarjeta de memoria de computadora de Aigo y la arroja al piso para demostrar su durabilidad.

Arranca una cámara digital de su cinturón y toma fotografías. Luego reproduce la conversación en su reloj de pulsera equipado con MP3, también de Aigo.

"Queremos ser otro Samsung, otro Sony", dijo Feng, quien inició la compañía en 1993 con 26 dólares que le dio su madre.

Feng es parte de una camada de empresarios que están esforzándose para acabar con la fama de China de fábrica barata y anónima, y unirse a la elite global de marcas de consumo que crea tecnología rentable.

Son un componente clave de la campaña de China para promover una imagen de país con alta tecnología creativa, atrevida e internacional.

Y más importante: el cambio es un paso que según los economistas debe dar China si quiere subir el siguiente escalón económico y continuar su rápido crecimiento.

Es demasiado pronto para saber si alguna de las empresas chinas logra imponer su marca a nivel mundial, dijo Stefan Albrecht, un socio senior de McKinsey & Co. en Beijing.

La compañía más exitosa hasta el momento es Lenovo, la cuarta empresa fabricante de computadoras del mundo luego de su compra en el 2005 de la unidad de computadoras personales de IBM. Entres otros aspirantes están el fabricante de electrodomésticos Haier Group y el fabricantes de aparatos de televisión TCL Group, propietario de las marcas Thomson y RCA.

La ventaja de China por ahora siguen siendo los costos bajos, no la creatividad, señaló Albrecht. Pero agregó que las marcas chinas que tengan éxito deberán escalar posiciones más rápidamente que sus predecesoras japonesas o coreanas, porque las compañías chinas cambian de productos y estrategias más rápidamente y desean expandirse a través de la adquisición de empresas extranjeras establecidas.

"Para algunas compañías chinas se podría debatir que necesitan sólo de cinco a 15 años para desarrollar una marca global", dijo Albrecht.

Feng es franco sobre el asombroso reto de Aigo para persuadir a los consumidores extranjeros a que paguen precios de marca por artículos hechos en China.

"Quizá los consumidores en todo el mundo pensarán que todo lo de China es barato, de baja calidad. Pero queremos que sea de prestigio, de alta calidad", señaló Feng en una entrevista en la oficina central de Aigo en el distrito Haidian de Beijing, sede de Lenovo y otras compañías tecnológicas. "Cambiar ese punto de vista es muy difícil, pero no tenemos alternativa", agregó.

Feng aprovechó los Juegos Olímpicos para impulsar la marca Aigo en el extranjero, vendiendo aparatos traductores para los visitantes. En Europa, Feng está tratando de incrementar la presencia de Aigo pagando para que aparezca su nombre en los autos de la escudería McLaren de Fórmula Uno.

Feng representa la segunda generación de empresarios tecnológicos de China.

En la década de 1990, científicos capacitados en el extranjero regresaron a China desde Estados Unidos, Australia y otras naciones para fundar sitios Web y otras compañías.

A diferencia de ellos, que habían estudiado mayormente carreras científicas, Feng estudió ingeniería civil -la formación clásica de generaciones previas de comunistas tecnócratas- en la Universidad Tsinghua de Beijing, el alma mater del presiente Hu Jintao.

Feng luego obtuvo una maestría en administración de negocios de la Universidad Beijing. El sólo ha vivido en la capital de China, aunque está estudiando inglés y dice que le gustaría ir a Harvard.

Tales historias de éxito a nivel local están comenzando a emerger mientras la economía de rápido desarrollo y el sistema educativo de China comienzan a ofrecer la capacitación y experiencia que los empresarios tecnológicos sólo podían obtener en el extranjero.

Feng trabajó para una compañía constructora del gobierno antes de renunciar para iniciar Aigo -conocida en mandarín como Aiguozhe (Patriota)- en un apartamento pequeño, vendiendo teclados para la industria de computadoras infantiles de China.

Se forjó un nombre no como inventor, sino como un vendedor.

Aigo despegó a medidos de la década de 1990 cuando comenzó a fabricar memorias portátiles para computadora. Actualmente es el mayor productor de estas memorias en China, incluida la unidad de 30-gigabyte del tamaño de una tarjeta de crédito que carga Feng en su billetera.

Aigo ha ampliado su gama de productos vendidos en su empaque anaranjado y blanco, en los que se incluyen cámaras digitales, aparatos de MP3, reproductores portátiles de sonido o video y un microscopio digital. Su fuerza de trabajo de 1,700 empleados incluye 700 personas en desarrollo de productos.

Sus ingresos anuales están creciendo entre un 60 y un 70%, y el 80% de sus utilidades son dedicadas a la investigación, señaló Feng.

Feng abrió una oficina europea en Francia el año pasado, seguida este año de su primera oficina en Estados Unidos, en San Francisco.

http://www.elnuevoherald.com/258/story/293886.html

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1 comentario

dolores -

eso es lo que tienen que hacre los empresarios hacer buena tengnologia y darse a conocer como buenas empresas no como enpresas de segundo nivel que puede ser que les cueste mas intregarse pero a la larga siempre sera mejor para el pais
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