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La fábrica del mundo sufre percances

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La enorme plaza que da entrada a la estación de tren de Guangzhou, capital de la provincia sureña de Guangdong, es un hormiguero a las siete de la tarde. Cientos de emigrantes descansan en el suelo, junto a los fardos en los que se aprietan sus pertenencias. Rostros hastiados, miradas perdidas. Los restos de comida, bolsas de plástico y hojas de periódicos hablan de largas horas de espera. Bajo el eslogan "Continúa el proceso de apertura y reforma", una pantalla gigante rompe la noche con imágenes de playas paradisíacas y aguas turquesas. Una visión muy distinta de la realidad de estos antiguos campesinos, que se han visto obligados a regresar a sus pueblos ante la falta de actividad o el cierre de las fábricas en las que trabajaban en el delta del río Perla -el principal centro manufacturero del país- a causa de la crisis.

Los sueldos caen en picado por el recorte de la producción en las fábricas

El país exportó un 2,8% menos en diciembre, el mayor descenso 10 años, Chen Jian (nombre ficticio), de 23 años, llegó a la estación hace 13 horas. "La fábrica de maletas en la que trabajaba tenía hace unos meses entre 5.000 y 6.000 empleados. Eran 10 horas al día, siete días a la semana. Ahora no da para más de cinco horas, tres o cuatro días a la semana, y el salario ha bajado de unos 2.000 yuanes [210 euros] a 1.300. No nos han despedido, simplemente han reducido el número de horas, y ya no compensa", afirma este nativo de la provincia de Sichuan.

La situación se reproduce entre muchos de los viajeros que esperan la salida de sus trenes bajo la mirada de los policías que recorren la plaza. Forzados por la falta de tajo, han decidido irse a sus casas a pasar las fiestas de Año Nuevo chino semanas antes de lo que lo habrían hecho normalmente. "Llevo cuatro o cinco años en Guangdong. A veces, trabajábamos 21 horas diarias. Pero desde septiembre, la cosa se ha hundido", dice un chico de 20 años de la provincia de Yunnan, acuclillado junto a su hermana. "Después de las fiestas, decidiré si vengo otra vez".

El proceso de reforma y apertura lanzado por Deng Xiaoping hace 30 años ha convertido China en la fábrica del mundo. Pero el desplome de la demanda extranjera, especialmente de Estados Unidos, le ha asestado un duro golpe. Las exportaciones cayeron un 2,8% en diciembre, la mayor caída en diez años. Ya retrocedieron un 2,2% en noviembre, la primera vez que experimentaban un descenso en más de siete años. Miles de empresas han echado el cierre. La crisis se ha sumado al efecto que las mayores exigencias de calidad, leyes laborales y medioambientales más estrictas, y la apreciación del yuan ya estaban teniendo.

El presidente chino, Hu Jintao, ha asegurado que China se enfrente este año a una situación "muy sombría" en el empleo, y que afrontar la crisis va a ser una "una prueba de la capacidad del Partido Comunista Chino para gobernar". El Gobierno prevé un 8% de crecimiento del PIB. El Fondo Monetario Internacional y el Royal Bank of Scotland pronostican un 5%, la peor cifra desde la revuelta de Tiananmen.

La ralentización económica podría forzar el cierre de un 20% de las fábricas de Guangdong, provincia responsable del 12% del PIB chino, según algunas organizaciones laborales provinciales. Algunos economistas estiman que 20 millones de emigrantes de los 160 millones con que cuenta el país podrían verse obligados a regresar a sus pueblos este año.

El Gobierno ha fijado como "prioridad absoluta nacional" mantener el crecimiento para crear empleo, y ha reaccionado con medidas tajantes ante el riesgo de que se dispare la inestabilidad social. A principios de noviembre, aprobó un plan financiero por valor de cuatro billones de yuanes (420.000 millones de euros) hasta 2010 para reactivar la economía, impulsar el consumo interno y reducir la dependencia de las exportaciones, que representan el 40% del PIB nacional; y ha pedido a los empresarios que no lleven a cabo despidos masivos.

El impacto de la crisis se nota incluso en la propia capital de Guangdong. En los comercios de la calle Shang Jiu, una de las más animadas de Guangzhou (antigua Cantón), flotan los carteles anunciado saldos. "La crisis empeora. La fábrica ha cerrado. Juego completo de sábanas por 50 yuanes [5,2 euros]", dice uno. "Cazadoras de piel. Antes, 1.280 yuanes. Ahora, 99. Para pagar los créditos de la factoría", señala otro.

¿Realidad o herramienta publicitaria? Sea lo que sea, el hecho es que los clientes no compran, según explican los vendedores, y las existencias se acumulan en los estantes.        

Dongguan, espejo de la crisis.

Para palpar cómo está afectando el parón mundial a China, lo mejor es viajar a Dongguan, 60 kilómetros al este de Guangzhou, más que una ciudad, un taller infinito. Todas las carreteras que conducen a Dongguan -cuya municipalidad ha pasado de 1,1 millones de habitantes en 1978, a 8,7 millones en 2007- están flanqueadas de fábricas. Algunas son grandes complejos industriales con varias decenas de miles de operarios, otras, talleres familiares. Aquí se producen desde componentes electrónicos a juguetes, zapatos, relojes, ropa o adornos navideños. Todos esos artículos que, gracias a su bajo precio, han inundado el planeta y han permitido a China convertirse en la cuarta economía del mundo.

El cielo gris, los inmuebles ocres, la continua sucesión de áreas industriales, y los monos de trabajo colgados en los balcones de los edificios de dormitorios anexos a las fábricas imprimen un aire triste a la región.

Pero muchos de esos uniformes de trabajo ya no se balancean al aire. Muchos talleres han dejado de producir y los bloques de dormitorios de siete u ocho plantas se elevan sin inquilinos, como gigantes dormidos. Sólo en octubre, cerraron 700 empresas en Dongguan. El Gobierno de Guangdong pretende elevar el nivel tecnológico de las empresas en la provincia, de ahí que haya impulsado también el desplazamiento de algunas compañías hacia el interior del país. "Vaciar la jaula para dejar sitio a los nuevos pájaros", ha dicho Wan Qingliang, vice gobernador provincial.

En una de las calles de la ciudad, duerme un taller que ni siquiera ha sido estrenado, sorprendido a contrapié por la crisis. Sobre las paredes de las factorías huecas, se repiten la frase 'Se alquila' y números de teléfono escritos en carteles de intenso color rojo.

"El empresario que la tenía arrendada desde hacía más de tres años la desmontó hace dos semanas, debido a la crisis. Esperemos que, tras el Año Nuevo chino [que comienza el 26 de enero], la gente regrese para continuar los negocios", dice Wang, una mujer que contesta a uno de estos números.

Las fábricas que no han cerrado han disminuido la actividad, y sus trabajadores se ven obligados a permanecer en los dormitorios o a deambular ociosos por la ciudad, en la que, aparte de tiendas, restaurantes y karaokes, hay poco más. "Sólo trabajamos cinco horas diarias de lunes a viernes. Y, en los dormitorios, que son de ocho o 10 personas, ahora estamos cuatro o cinco", explica Wang Shuang, una chica menuda de 19 años, mientras pasea por un mercadillo acompañada de su hermana gemela, Wang Fang.

A pesar de que ganan menos, las dos chicas han decidido aguantar en la empresa de componentes electrónicos, ya que en su pueblo de la provincia de Guizhou, una de las más pobres de China, hay poco que hacer. "Tras las fiestas, volveremos. Esto es más desarrollado", dicen, enfundadas en unos vaqueros ajustados.

"Para estos emigrantes, es muy difícil retomar el trabajo y el estilo de vida que tenían antes de dejar sus pueblos", asegura Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá. "Sin embargo, el paquete de estímulo fiscal [aprobado por Pekín] puede crear empleos en otras áreas, especialmente zonas rurales y ciudades secundarias".

La amenaza del paro

El fantasma del paro es una de las mayores preocupaciones del Gobierno, ya que la precariedad del sistema de seguridad social y el coste de la Educación y de la Sanidad convierten la falta de trabajo en una bomba de relojería en este país de 1.300 millones de almas. Desde que comenzó la crisis, se han multiplicado las protestas, debido a las irregularidades cometidas en el pago de los salarios y las indemnizaciones por algunos empresarios, y a la inquietud por el futuro. Para el Partido Comunista Chino, que ha buscado, en buena parte, legitimarse en el poder con el rápido progreso del país, está en juego, también, su propia supervivencia.

Una de las empresas en las que se han registrado protestas es Jiang Rong, que se dedicaba a la fabricación de bolsos y maletas. Su propietario, taiwanés, desapareció el 15 de diciembre sin previo aviso -una práctica común en Guangdong-, adeudando dos meses y medio de salario a los 300 trabajadores, y tres meses de alquiler de la fábrica y las facturas de agua y electricidad.

Los empleados se echaron a la calle para pedir a las autoridades locales sus sueldos, pero éstas contestaron que sólo les pagarían el 60% de lo adeudado, como reza un cartel pegado a la puerta de la factoría y explica, también, Dai Houxue, de 30 años, original de Guizhou, que trabajaba desde hacía tres años en Jiang Rong.

Tras reclamar en vano los salarios completos al departamento de Trabajo, los empleados se dirigieron en manifestación a las oficinas del Gobierno local. Pero fueron recibidos a golpes por la policía. El 24 de diciembre, la fábrica dejó de dar comidas, y, tras 10 días de protestas, los trabajadores se resignaron, cogieron lo ofrecido y se marcharon.

Salvo unos cuantos. "A tres no nos dieron ni siquiera el 60% que nos correspondía", afirma Dai, quien, probablemente, fue castigado de esta forma por haber sido uno de los cabecillas de las reivindicaciones. "Me deben aún más de 500 yuanes, y no me iré hasta que me los paguen. La televisión dice que el Gobierno central ayudará a las fábricas por la crisis. Pero, ¿dónde va el dinero? Seguro que se lo quedan los funcionarios locales. Todo esto es muy oscuro", asegura. Al otro lado de la verja, varios obreros enviados por los dirigentes locales sacan pertenencias de los talleres y las cargan en un camión.

Desorientados ante la quiebra de su negocio o la pérdida de empleo, empresarios y trabajadores acuden a veces en busca de consejo a Zhou Qingfang, un adivino, experto en geomancia y curandero, que ofrece sus servicios en una calle de Dongguan. "Me preguntan qué socio buscar, qué hacer tras quedarse sin empleo, y yo, en función de su nombre, la fecha de nacimiento, o su elemento chino, les sugiero la dirección que deben seguir", dice este hombre de 70 años, quinta generación familiar de videntes. "Hace unos meses, venían 10 o 20 personas al día. Ahora, son más de 30", dice Zhou, que cobra 20 yuanes por consulta y trata igualmente problemas de infertilidad, impotencia o dolores de muelas.

Un centenar de kilómetros al sureste, en el puerto de Shenzhen, fronterizo con Hong Kong, y una de las principales vías de salida de mercancías de la fábrica del mundo, se percibe también claramente la crisis. El tráfico de mercancías ha disminuido sensiblemente. "Desde principios de septiembre, salen muchos menos contenedores. La actividad ha caído más de un 30%", asegura Zhang Qingshen, empleado en una de las empresas que opera en la terminal internacional de contenedores de Shekou. A un centenar de metros, una grúa carga un mercante de color verde con lentos movimientos. "Antes pasaban delante de ese muelle muchos buques cada día. Ahora, no veo más de dos o tres en 24 horas", dice. El Banco Mundial prevé que la economía china crezca un 7,5% en 2009, el valor más bajo de los últimos 19 años.

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14/01/2009 01:33 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Economía Hay 1 comentario.

Récord de censura en China

El Gobierno chino cerró ayer 50 páginas web por ofrecer pornografía y "contenidos obscenos", con lo que aumentan a 91 los portales de Internet clausurados en tres días, según ha informado la agencia oficial Xinhua.

Estas 50 páginas se unen a otras 41 ya cerradas como parte de una nueva campaña del Gobierno chino para "purificar" Internet y crear un "ambiente saludable para los niños" en la Red en el país asiático, donde la distribución pública de pornografía es ilegal.

Las autoridades locales aseguraron que las 91 web habían violado las regulaciones y leyes establecidas respecto a la distribución de imágenes sexuales e instaron a otros "infractores" a entregarse de forma voluntaria.

El pasado lunes, el Ministerio de Seguridad Pública y otras seis agencias gubernamentales anunciaron la campaña y amenazaron con cerrar las páginas que no eliminen sus contenidos pornográficos y "obscenos".

La campaña comenzó con la publicación de dos listas con 33 portales que, en opinión del Gobierno chino, no hacen lo suficiente por combatir la pornografía, entre ellos, los dos mayores buscadores del país asiático, Google y Baidu, que han colgado en sus páginas una disculpa, al igual que otros 17 portales.

Los informes anuales de organizaciones no gubernamentales como Reporteros Sin Fronteras o Human Rights Watch señalan que la maquinaria de censura china en internet es la más potente del mundo, aunque ya se ha convertido en el principal lugar de crítica contra el Gobierno del Partido Comunista de China (PCCh), en el poder desde 1949.

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14/01/2009 01:36 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Derechos humanos Hay 1 comentario.

China, un renacimiento en tres tiempos

Adjunto artículo de Xulio Rios sobre el desarrollo chino del siglo XX.

El proceso que vive China desde diciembre de 1978, cuando el PCCh decidió dar vía libre a la actual política de reforma y apertura, tiene una doble dimensión. En primer lugar, es tal su significación que ha abierto un nuevo capítulo en la historia de China, con la potencialidad suficiente para conducirla a su pleno renacimiento. A la caída del imperio en 1911, le sucedió un periodo repleto de vicisitudes, invasiones y rivalidades, guerras civiles incluidas, que, en teoría y según la interpretación al uso, finalizó en 1949, con la proclamación de la Nueva China por Mao Zedong. No obstante, quizás fuera apropiado alargar hasta 1978 ese período de turbulencias iniciado en 1911 y que, en esencia, se caracterizó por la búsqueda, en dos tiempos, de aquella fórmula que debía permitir a China encontrar el camino de su resurgir.

El PCCh debe encarar en los próximos años las pruebas más duras de su supervivencia política

En cierto sentido, episodios como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural se explican no sólo por el reconocido deseo de abrir en Asia un proceso diferente al impuesto por el socialismo soviético, sino que responden a ese tanteo con la historia, inestable, para dar con el sistema llamado a finiquitar varios siglos de decadencia. Así pues, 1978 y no 1949 quizás debiera ser la fecha que marca el inicio del renacimiento, cuyas bases parciales fueron puestas primero en 1911 y después en 1949, pero que, en ambos casos, zozobraron con episodios desestabilizadores de similar calibre a los vividos con posterioridad al derrumbe de la monarquía feudal.

En segundo lugar, la política china a partir de 1978 se caracteriza por la progresiva sustitución de las vigas del maoísmo, cuya característica más sobresaliente consistía en la abrupta ruptura con el mundo confuciano que, ahora, vuelve otra vez por sus fueros. A diferencia del periodo comprendido entre 1949 y 1978, la China actual tiende puentes con la China de siempre, a sabiendas de que en su interior perviven valores y actitudes que contribuyen, desde la ética y la moral, a organizar la sociedad de forma estable, aun cuando la vida económica del presente guarde, a simple vista, poca relación con la China milenaria.

En el ámbito socio-político, la promoción de la armonía y del gobierno de la virtud, la exaltación de la familia y de los valores tradicionales, constituyen una base aparentemente más sólida y socialmente interiorizada que los principios marxistas que, formalmente, aún abandera el PCCh, pero también mucho más aceptables a priori que nuestros valores liberales y "universales".

En esa doble apreciación tenemos los fundamentos de esta nueva China de la reforma, llamada a ser poderosa. Para entenderla habrá que releer a Confucio, especialmente si queremos acertar en el tratamiento de todas las facetas relacionadas con su emergencia y profundizar en la configuración de unas relaciones estables y de largo plazo, que, por definición, no pueden prescindir ni de la historia ni de la cultura, aspectos ambos de un calado infinitamente superior al señalado por factores tecnológicos, defensivos o estrictamente económicos.

Esa apuesta por el entendimiento cultural debe ser el fundamento también para comprender y gestionar su actual nacionalismo y, sin pecar de soberbia pero tampoco de ingenuidad ni pasando por alto los muchos siglos que China ha dominado el mundo, haciendo acopio de modestia, establecer un diálogo en pie de igualdad que pueda evitar cualquier hipótesis de exacerbamiento que le invite a perseguir la hegemonía a toda costa.

El camino seguido por China a partir de 1978 constituye un ejercicio de transformación verdaderamente admirable, no sólo por la evidente mutación operada en la economía y la sociedad, sino, especialmente, por la capacidad camaleónica del PCCh para ajustar su enfoque en función de las necesidades, sin renunciar del todo a nada, pero plasmando en la práctica no sólo un renacimiento económico capaz de asombrar al mundo, sino una actualización cada vez más notoria de la propia identidad cultural del país que el maoísmo había despreciado, culpándola de todos los males de la nación.

Formalmente hablamos del mismo partido que derrotó al poderoso Kuomintang, pero en la práctica, 30 años después, el tiempo le ha pasado factura. Tanto es así que la legitimidad originaria, maoísta, ha venido perdiendo fuerza desde 1978, a medida que el PCCh ha vertebrado una nueva legitimidad basada en el desarrollo y, ahora mismo, ensaya de forma limitada una democracia que le permita superar incólume sus mayores desafíos (entre ellos, la corrupción) y sortear las críticas internacionales por su mal disfrazada ambigüedad. Comunista o confuciano, el PCCh, con una generación al frente que a partir de 2012 podrá conducirse ya sin las ataduras limitantes dispuestas por Deng Xiaoping al inicio del proceso, debe encarar en los próximos años las pruebas más duras de su supervivencia política.

Para ellos es de prever que Mao, como Sun Yat-sen, el fundador de la República, quede en otro buscador de caminos. Quien realmente lo encontró fue Deng y aquellos que, como Liu Shaoqi y tantos otros, ya defendían estas políticas en tiempos del maoísmo. Lo que a algunos, no lo olvidemos, les costó la vida.

 

14/01/2009 01:44 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Política Interna. Hay 1 comentario.

China empieza a pagar la factura del estrés

 

La consulta de la doctora Liang Lin Lin es la última del pasillo en el concurrido segundo piso del hospital de Haidian, en Pekín, y pasa casi desapercibida. "Departamento de atención psicológica y enfermedades mentales", dice el cartel colgado en la puerta de su pequeño dispensario. Son las diez de la mañana y no hay nadie esperando para entrar. Pero, a juzgar por la apretada agenda de esta doctora pekinesa de 54 años, los pacientes no tardarán en llegar.

"En China cada vez hay más gente con problemas mentales", dice Liang enfundada en su bata blanca, comprobando que todo está a punto para empezar la jornada: el termo, lleno de té; la camilla, despejada; los medicamentos, ordenados. Liang es neuróloga, no psicóloga ni psiquiatra, pero es la única profesional en este moderno hospital preparada para tratar problemas mentales. "Sólo con mi consulta, no hay suficiente", se lamenta la especialista, que atiende a unos 170 pacientes al mes.

«A la mayoría les da vergüenza aceptar que sufren problemas mentales»

Liang se incorporó al hospital en 2005 para abrir la primera consulta psicológica. En China, la psicología fue tratada durante muchos años como una pseudociencia y un símbolo de la burguesía occidental, y los problemas de salud mental no recibieron la atención necesaria. De hecho, el país asiático sólo cuenta con 1,3 psiquiatras por cada 100.000 personas, frente a los 14 de la UE y EEUU. Sin embargo, el proceso de apertura y crecimiento económico de las últimas tres décadas ha obligado al Gobierno chino a reforzar la atención psicológica y prestar mayor atención a las enfermedades mentales, muchas de ellas vinculadas con el desarrollo social, como el estrés, la ansiedad o la depresión.

En los últimos cinco años, se han abierto centenares de consultas psicológicas en hospitales públicos, escuelas y universidades, dirigidas sobre todo a los problemas de la clase media urbana.

"Mucha gente no aguanta la presión social del trabajo, los estudios o el matrimonio", explica Liang.

La situación empeorará a medida que el país se desarrolla y aumenta la sensación de incertidumbre, "como ante esta crisis", añade Liang. La mayoría de sus pacientes son jóvenes menores de 35 años, entre ellos "muchos universitarios con pánico a no encontrar trabajo o no tener éxito".

También atiende a gente mayor, un grupo con tendencia a la depresión cuando pierden independencia física o se quedan solos. En China hay más de 150 millones de personas de más de 60 años y la cifra crece a medida que aumenta el nivel de bienestar.

A la cabeza del mundo en suicidios

Según el Centro para el Estudio y la Prevención del Suicidio de Pekín, la depresión es una de las razones principales de suicidio en China. Con 400.000 suicidios al año, el gigante asiático es el país con el índice de suicidios más alto del mundo.

Sin embargo, una encuesta oficial realizada hace dos años reveló que el 60% de la población rural (alrededor de 800 millones) sigue sin conocer la palabra depresión, yi yu. "Es como tener un constipado", concluye el folleto informativo sobre la depresión que Liang reparte a sus pacientes. Ilustrado en colores vivos, el folleto enseña a detectar los síntomas de una depresión falta de hambre, insomnio, desmotivación, etcétera y recomienda acudir al médico para que le recete pastillas.

Los chinos están poco habituados a recurrir a fármacos occidentales, y menos aún a antidepresivos. "A la mayoría les da vergüenza aceptar que sufren problemas mentales", dice Liang, guardando los folletos en el cajón. La razón principal es el mianzi el miedo a perder la cara o a ser humillado en público, un rasgo particular de la cultura china. De ahí la presión social por reprimir las emociones, en especial, en los hombres.

"Muchas de mis pacientes son mujeres", dice Liang. El cambio de roles en la familia, los problemas matrimoniales y el divorcio cuyo número aumenta un 18% cada año, son las razones principales que empujan a las féminas hacia su consulta. "Las mujeres suelen perder su círculo social cuando se casan", dice Liang.

Según la doctora, miles de mujeres de su país cargan solas con los problemas matrimoniales y son víctimas de una especie de guerra fría: el conflicto que se crea cuando el marido evita el diálogo para no afrontar los problemas y la mujer se reprime. Según la Federación de Mujeres de China, una tercera parte de los 267 millones de familias chinas experimentan "violencia psicológica doméstica" de este tipo. Las mujeres chinas de entre 15 y 34 años presentan el ratio más elevado de suicido del mundo.

La falta de atención a los problemas de la mente en China también está relacionada con los años de comunismo, en los que se priorizaba la moral y el bienestar colectivo por encima de la salud mental del individuo.

"La moral y la psicología son dos cosas distintas", insiste Liang, para explicar la proliferación de libros sobre moral confuciana, buena conducta o manuales de autoayuda escritos por personajes famosos. "Yo repito a mis pacientes que deben cambiar su carácter por motivos propios", dice Liang.

 

Fuente:

 

http://www.publico.es/ciencias/186759/china/empieza/pagar/factura/estres

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14/01/2009 01:48 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Cultura Hay 1 comentario.

La ley china no defiende a todos por igual

Cuando Yang Dawen abandonó el Ejército del líder comunista chino Mao Tse Tung para empezar a estudiar Derecho, en 1952, nunca imaginó que un día acabaría estrechando la mano del enemigo, Estados Unidos. Hoy, este profesor de Derecho, pekinés de 75 años, muestra con orgullo la fotografía en la que aparece junto a Hillary Clinton, la ex primera dama americana, durante una visita a la capital china, en el año 2005. La imagen tiene una ubicación privilegiada en la pared de la sala principal de Woman Legalaid, una organización no gubernamental para la defensa de los derechos de la mujer fundada hace 13 años por Yang y dos abogadas.

"La apertura de China ha ayudado mucho al desarrollo de los derechos humanos", dice Yang, sentado en su oficina de Legalaid, en el 13º piso de un moderno edificio situado en el norte de la capital.

Desde que se graduó, hace más de 40 años, Yang ha dedicado su vida a la enseñanza del Derecho y ha vivido la transformación del sistema legal de su país.

"Las mujeres son un grupo débil ante la ley y necesitan más protección", dice Yang, que también ejerce como director del Instituto del Derecho matrimonial y familiar de la Universidad Popular de Pekín.

Detrás suyo hay varias estanterías llenas de libros de leyes, manuales y archivos con los casos de mujeres atendidas por la organización: discriminación laboral, divorcio, abusos sexuales Los voluntarios se encargan de responder llamadas de mujeres de toda China que han sido víctimas de cualquier injusticia, según la ley china, y de ofrecer asistencia legal.

"La situación de los derechos humanos ha mejorado mucho, pero aún quedan muchos problemas por resolver", dice Yang. El profesor, que a su avanzada edad aun se encarga de supervisar tesis doctorales, tiene sus esperanzas puestas en los estudiantes de hoy, mucho más despiertos y conscientes de la importancia de los derechos humanos que en su época. "Yo no escogí estudiar Derecho, me lo asignó el Gobierno", dice Yang.

Tras la proclamación de la República Popular, en 1949, "China necesitaba estudiantes de Derecho con urgencia para desarrollar el sistema legal", añade Yang, que aún recuerda los académicos venidos de la ex URSS para dar conferencias en la universidad, la introducción de las primeras reformas legales de la tierra, de la ley del matrimonio o la publicación de la Constitución china, en 1954.

Pero los derechos humanos siguieron muy desprotegidos durante casi tres décadas, a pesar de que China firmó en 1948 la Declaración universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Las primeras mejoras en este campo empezaron a notarse a finales de los años setenta, al iniciarse la etapa de Reforma y Apertura.

"Hoy, la ley china garantiza todos los derechos", dice Yang. "Aunque, en la práctica, sucede algo distinto", admite. Esta fue la razón que le llevó a fundar Legalaid: asegurar que la ley se aplica por igual a hombres y mujeres. Uno de los casos más frecuentes en la organización es defender a las mujeres que se ven forzadas a perder sus derechos sobre la tierra si se casan con un hombre de otra provincia.

En China ha aparecido una nueva generación de abogados de entre 30 y 40 años mucho más comprometidos con los derechos humanos, como el grupo de letrados que se ofreció a defender a las víctimas del escándalo de la leche contaminada, los que luchan en contra de las expropiaciones ilegales de tierras a los campesinos o los que se han ofrecido a víctimas de persecución religiosa, como los seguidores de Falun Gong.

Sin embargo, la mayoría, como Yang, optan por actuar dentro del marco legal y defienden la política oficial de que el desarrollo económico es prioritario a las reformas legales y la mejora de los derechos humanos. "La mayoría de mis estudiantes apoya al Gobierno", añade Yang.

El anciano ya era profesor cuando tuvo lugar la masacre de Tiananmen, en junio de 1989, y "prefiere no hablar de ello", por miedo a represalias. El régimen comunista no ha reconocido la muerte a manos del Ejército de centenares de estudiantes que se manifestaban en pro de la democracia en la plaza de Tiananmen. "La historia se encargará de dar respuesta", dice Yang cuando le preguntan si cree que el espíritu de apertura de hoy podría llevar a sus estudiantes a manifestarse por la democracia y los derechos humanos.

Baja maternal

"Mientras exista la injusticia y la desigualdad, habrá conflictos. Pero no deben asustarnos. Hay que encontrar soluciones adecuadas", añade Yang. Legalaid, por ejemplo, presiona al Gobierno para que cree incentivos para las empresas que contraten a mujeres, fije un salario por baja maternal, o se asegure de que la edad de jubilación es igual entre hombres y mujeres, tal y como exige la ley.

Las ONG chinas que trabajan en el ámbito de los derechos humanos no escapan del control del Gobierno, pero al menos sirven para supervisar el cumplimiento de la ley en un país donde no existe un sistema judicial independiente y los medios de comunicación están censurados. "Si la prensa prestara más atención a los derechos humanos, la sociedad sería más consciente de sus derechos", dice Yang.

En el caso de las mujeres, es cierto que cada vez es más frecuente ver casos de violencia doméstica o de divorcios publicados en la prensa. Sin embargo, casos más delicados, como la falta de libertad religiosa y los abusos que sufren los disidentes políticos o las minorías étnicas tibetana y Uigur, siguen siendo silenciados por la prensa china.

 Fuente:

http://www.publico.es/internacional/188754/ley/china/otorga/derechos/practica/diferente

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14/01/2009 01:51 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Derechos humanos Hay 1 comentario.

China busca ser un referente en marcas de prestigio

En forma silenciosa pero acelerada, China va dejando atrás la idea de ser un fabricante de productos baratos y de dudosa calidad para comenzar a competir con marcas propias y de alto valor agregado.

Si bien no se puede hablar de un punto de partida preciso, en los últimos cuatro años el mercado argentino empezó a recibir la primera ola de productos chinos que no se presentan como commodities compitiendo exclusivamente por precio y que buscan dar batalla de igual a igual a marcas internacionales consolidadas.

El fenómeno, que con diferentes grados de desarrollo se repite en los principales mercados de todo el mundo, a nivel local ya se siente en rubros tan diversos como los productos de electrónica, las computadoras, los automóviles y hasta los cigarrillos.

En todos los casos, el gran objetivo de las marcas chinas es repetir el éxito que tuvieron sus pares japonesas hace treinta años, cuando iniciaron su expansión internacional asociadas a una imagen de calidad y avances tecnológicos.

"Hay una apreciación cada vez más positiva de las marcas chinas. Así como en su momento sucedió con las empresas japonesas, que de repente empezaron a ser asociadas por la gente como productos de muy buena tecnología y calidad, existe una tendencia similar con las marcas chinas. A medida que se van lanzando los productos y la gente se va familiarizando con ellos, va teniendo cada vez más confianza", explica Patricia Li, gerenta de ZTE Argentina, la compañía de telecomunicaciones china que con su marca propia de celulares hoy compite contra Nokia, Motorola, Samsung y Sony-Ericsson en todo el mundo, incluyendo la Argentina.

Cambio de percepción

La inserción de las marcas chinas en algunos rubros, como celulares o televisores, además se ve facilitada por el hecho de que la denominación de made in China dejó de ser sinónimo exclusivo de precio bajo y se convirtió en un dato casi obvio, ya que más de la mitad de los productos que se venden en el mundo están fabricados en el gigante asiático.

"En el caso de los televisores y los productos de electrónica, hace quince años se produjo un cambio muy profundo en el mercado, a partir de que todos los grandes fabricantes se trasladaron a China, con lo cual hoy la calidad está asociada a la marca y no al origen del producto", explicó Diego Kusnetzoff, director comercial de TCL, la marca de televisores y aire acondicionado que desde hace cuatro años se fabrica en la planta de Radio Victoria, en Tierra del Fuego. Kusnetzoff precisó que la Argentina fue un mercado piloto para la expansión de TCL en América latina. "En un mercado muy atomizado como el argentino, hoy controlamos 3,5% de las ventas", explicó el ejecutivo.

La avanzada oriental también se siente en el mercado automotor, un negocio que durante décadas estuvo dominado por las marcas norteamericanas, europeas y japonesas. En forma casi paralela a su ingreso en los Estados Unidos, la marca de autos Chery está dando sus primeros pasos en la Argentina, asociada con el empresario Franco Macri. Inicialmente, los autos que se venden en el país están siendo ensamblados en una planta que los chinos inauguraron en Uruguay, aunque para 2010 está contemplada la apertura de una segunda fábrica en la Argentina, con una inversión de US$ 500 millones. El objetivo de Chery es seguir los pasos de Lenovo, la marca de computación que logró un rápido posicionamiento entre los consumidores argentinos y del resto del mundo cuando en diciembre de 2004 se alzó con la división de computadoras personales de IBM.

Lo que viene

El mercado tabacalero es otro de los rubros en el que las marcas chinas están dando sus primeros pasos, aunque en este caso la llegada de los cigarrillos Harmony al mercado argentino se enmarca dentro de un acuerdo más amplio entre la multinacional Philip Morris y la empresa estatal China Nacional Tobacco.

"Para ingresar en el mercado chino, Philip Morris cerró un acuerdo con el monopolio del tabaco de ese país, que incluye la producción de Marlboro en China y la expansión de marcas chinas en distintos mercados del mundo. En el caso de la Argentina se eligió Harmony, que es una marca dirigida al segmento más alto del mercado", explicaron en Massalin Particulares, la filial local del grupo Philip Morris.

A esta lista podrían sumarse además en el corto plazo otras marcas de origen chino que ya están dando sus primeros pasos más allá de sus fronteras, como la línea de ropa deportiva Li Ning Sports (esta última ya debutó en el país como sponsor de la camiseta de la selección nacional de básquet), la cerveza Tsingtao y las heladeras y lavarropas Haier.

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14/01/2009 01:53 Autor: politicachina. Enlace permanente. Tema: Economía Hay 1 comentario.


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